















































Siendo como soy en esta historia, un espectador privilegiado, pregunto a Pablo Concha que quiere que veamos en sus esculturas. El plural que uso al preguntar supone que habrá otros como yo, espectadores ¿testigos? con preguntas. Lo que me dice me sorprende, pues se parece a lo que yo inocentemente había entrevisto: Una Verdad, y un Misterio. La Verdad puede decirse: No se ve con los ojos, pero tampoco sin ellos. O, lo que es lo mismo, no hay lagarto sin cola, y tampoco cola sin lagarto. Esas partes de distintos todos, esculpidas de un modo sutil, pero rudo y estridente, comparten una misma materialidad: escamas, pelos, huesos, músculos, venas, arterias. O sea, madera, esculpida y pintada. Son en eso iguales, esas partes, pero también son distintas, de un modo que remite al todo al cual pertenecen. Y he ahí el Misterio: ¿Que es ese todo que esculpe sus partes, como el escultor esculpe la madera? * ¿Dónde está? ¿Como existe?. Hay respuestas, más de una, pero importa, me parece, más la pegunta que la respuesta. Estas esculturas son, en mi mirada, una escena para esa pregunta.**
Notas al pie:
* Ud. que está leyendo lee con su cerebro, pero su cerebro no lee. Sin embargo, su cerebro es un cerebro lector, y distinto en eso al de cualquier otro simio. No anoto esto arriba, porque no hace falta, creo, una insistencia dramática.
**Siendo yo un profesor, tengo que decir que si, que conozco una respuesta, pero también tengo que decir que esa respuesta es una que remite a un misterio aún mayor.
JORGE MPODOZIS